El león
El pueblo es muy pequeño: cuatro o cinco calles, medio centenar de casas, una iglesia antigua y un puente que cruza un pequeño río que baja de la montaña. Todas las puertas de las casas están cerradas, a pesar de que es verano y hace mucho calor.
La calle esta vacía. Una puerta se abre despacio. Una mujer mira a su alrededor, cruza corriendo la calle y entra en la casa de enfrente.
Las puertas y las ventanas han estado cerradas durante dos días, desde que se escapo el león de los gitanos. Como todos los años, habían llegado los gitanos con su circo, para las fiestas de la Asunción de Maria, que empiezan el día 15 de agosto. Habían montado la carpa a la salida del pueblo, mientras todo el mundo los miraba. Lo que más admiraba a todos eran las fieras, un par de corpulentos leones y un tigre que se movían intranquilos en una jaula de hierro. Un día se escapo de la jaula el más fiero de los leones y, desde entonces, casi nadie salía a la calle.
El alcalde, desde su casa, organiza la búsqueda del león. Los vecinos cuentan lo que han visto y oído y el miedo es cada vez mayor. Un hombre dice que le faltan dos gallinas, otro, que ha desaparecido un cordero….Han visto sangre en las calles y por la noche les han despertado terribles rugidos.
El alcalde es un hombre pequeño y delgado, muy enérgico. Todos los que están sentados alrededor de la mesa escuchan con atención. Las instrucciones son: Nadie debe salir solo sin armas. La Guardia Civil va a venir y los guardias vana registrar el bosque.
Cuando empieza a anochecer llega la furgoneta de la Guardia Civil. Aparca delante de la casa del alcalde. Bajan media docena de agentes. Reparten linternas entre los vecinos que llevan armas y que quieren ir a registrar el bosque.
Salen todos hacia el monte, en silencio, para oír mejor. Caminan durante poco más de quince minutos y oyen un ruido que sale de una cueva. Con las linternas iluminan la entrada. Se oye muy claramente el rugido de una fiera. Todos se acercan con las armas preparadas. La luz que arrojan todas las linternas juntas ilumina intensamente la boca de la cueva y penetra hacia el interior.
¡¡¡¡¡Que!!!!???? Gritan todos, asombrados. Un enorme león esta placidamente echado sobre el suelo. Esta comiendo tranquilamente un pedazo de carne que un niño le pone en la boca. Otro niño le tira del rabo, oros dos saltan sobre su lomo y otro juega con la melena del “fiero” animal. Una niña le pone un zapato de tacón alto en una de las garras delanteras. Cuando ve la luz de las linternas, el león se levanta muy despacio, mira los rostros asombrados de los hombres, ruge con voz suave y mansa para saludarles y mueve la cola como un perro alegre.
Durante dos días, mientras los vecinos no habían podido dormir de miedo, los niños del pueblo, por la noche, habían ido a la cueva a jugar con el león y a llevarle comida.
No fue difícil llevar al león a su jaula. Al día siguiente los gitanos abrieron el circo y la fiesta se celebro con más gente y con más alegría que otros años.
Ha pasado el tiempo y ya nadie se acuerda del nombre del pueblo. Todo el mundo lo llama “El pueblo del león”.